Neurociencia, Neurología, Psiquiatría y Psicología: Un encuentro inevitable


Por: Carlos Avendaño

Catedrático - Ex-Presidente de la Sociedad Española de Neurociencia.

RESUMEN

El extraordinario desarrollo de la neurobiología, psicobiología y neuropsiquiatría a partir de la segunda mitad del s. XIX plantea hoy un reto: reconstruir y quizá reelaborar una epistemología de la mente y el cerebro que abarque ya desde los genes a la subjetividad individual.


Palabras clave: Mente-cerebro, Neurobiología, Psicobiología


ABSTRACT

The extraordinary progress of neurobiology, psychobiology and neuropsychiatry, unfolding since the second half of the XIX century, offers us a challenge today: to reconstruct -perhaps re-elaborate- an epistemology of mind and brain that encompasses from genes to individual subjectivity.


Key words: Mind-brain, Neurobiology, Psychobiology


Natura abhorret vacuum, tamquam humana mens abhorret incertitudinem. (Anónimo)


Begin with certainties, and you shall end in doubts; but if you will be content to begin with doubts, you will end in certainties. (Francis Bacon)

Poca discrepancia puede suscitar la afirmación de que la convergencia producida entre las diversas disciplinas que dieron lugar a la aparición de la Neurociencia en los años 60 ha producido avances espectaculares en el conocimiento de la biología del sistema nervioso y de las relaciones de este con la conducta. Pero los jalones establecidos por la Neurociencia ¿han servido para orientar las investigaciones en Neurología y Psiquiatría, y a incrementar sus relaciones con la propia Neurociencia?


Narra en uno de sus Apólogos Luis Martín Santos (1) la historia de los exploradores españoles que para orientarse en las inmensas planicies de América plantaban hileras de estacas, con las que jalonaban rutas y marcaban orientaciones para proseguir su exploración de lo desconocido, deshacer con facilidad caminos erróneos, y no acometer engañosas marchas en círculo o espiral. En la exploración del cerebro se han trazado multitud de mapas, nosologías y marcos conceptuales a partir de abordajes metodológicos diversos, y desde la clínica, la psicología y la epistemología se han propuesto sucesivos y a veces enfrentados marcos heurísticos para entender y abordar la mente. Parece justificable ceder a la tentación de enmarcar, jalonar y limitar lo inmenso y desconocido. Con ello hemos avanzado y razonablemente esperamos conquistar el cerebro como los exploradores conquistaron América. Pero Martín Santos nos recuerda que la sabia estrategia de aquellos exploradores permitió con frecuencia a tribus caníbales seguir las rutas marcadas para dar buena cuenta de los confiados intrusos. La búsqueda excesiva de seguridad y de certidumbre pueden ser malas consejeras.


1. De lo unido a lo disperso


La mente humana ha observado el cerebro y ha reflexionado sobre sí misma casi al unísono, desde que en el s. V a.C. se desarrolló la teoría de los 4 elementos (Empédocles de Agrigento, 490-430 a.C.) y éstos se asociaron a los 4 humores en el Corpus Hippocraticum (Hipócrates de Cos, 460-370 a.C.), se realizaron las primeras disecciones anatómicas del cerebro registradas (Alcmeon de Crotona, de las que deduciría que el cerebro era el órgano central de las sensaciones), y uno de los últimos presocráticos, Anaxágoras de Klazomene (500-428 a.C.) propuso que el cerebro era el órgano de la mente.


Aunque no es éste momento, ni soy la persona adecuada, para explayarse en análisis históricos, intentaré entresacar algunos hechos e ideas de fuentes bien acreditadas (2-6) en apoyo de un argumento inicial, que la reflexión y el estudio de lo cerebral y lo mental han estado mayoritariamente unidos hasta fechas my cercanas a nuestros días.


Vesalio (1514-1564), médico y máximo exponente de la Anatomía renacentista, en su abierto cuestionamiento de las posiciones dominantes ya milenarias de Galeno, realizó disecciones y descripciones anatómicas extraordinarias del cerebro, urgió a sus contemporáneos a reexaminar la estructura y función del cerebro con una mente abierta, y se lamentó de que la sola anatomía no pudiera permitirle comprender cómo el cerebro regula la imaginación, el razonamiento y la memoria (componentes básicos del intelecto según Galeno). Su De Humani Corporis Fabrica quiso enmendar las confusiones entre forma y función de Galeno manteniendo la descripción del cuerpo humano en el terreno de la primera, sin avanzar un paso en la segunda. No es de extrañar esa aprensión, pues aún seguía plenamente vigente una fusión sustancial entre la medicina y la filosofía. Habría que esperar un cuarto de siglo tras la muerte de Galeno a que Felix Platter (1536-1614), médico y anatomista de Basilea separara la medicina de la filosofía (7) para adscribirla a la ciencia natural; minucioso observador de síntomas, causas y tratamientos, fue pionero en el estudio de la conducta y la neuropatología de los enfermos mentales.


Algo más de un siglo después de la Fabrica (1543) se publicaría el Cerebri anatome (1664) de Thomas Willis (1621-1675), de gran influencia en los siglos XVII y XVIII. Médico como Vesalio, y también como él asentado aún en la teoría galénica de la producción y el flujo del spiritus animalis en el cerebro (para Galeno se produciría en los ventrículos y fluiría hacia el parénquima y los nervios), Willis consagró al cerebro como "el origen y fuente de todos los movimientos y concepciones", y aportó la primera propuesta moderna de localización de funciones cerebrales: la imaginación se asentaría en el cuerpo calloso (con el centro oval inmediato), por ser casi constante entre individuos, mientras que la memoria y la voluntad se asentarían en las circunvoluciones cerebrales. Además introdujo el término Neurología como "doctrina de los nervios'.


Sólo 2 años antes de la aparición del libro de Willis se publicó, póstumo, De Homine de René Descartes (1596-1650). Los conocimientos físicos y anatómicos acumulados demandaban ya explicaciones más extensas para el flujo del spiritus animalis y la relación entre el alma y el órgano en el que ésta parecía definitivamente asentarse. Y Descartes, desde la duda como método para eliminar el error al que inducen los sentidos, elaboró la primera teoría completa moderna sobre el cerebro y la mente, proponiendo una ingeniosa explicación mecanicista al flujo de los spiritus hacia y desde el cerebro, y dejando a la mente, lo pensante, en un plano sustancial diferente de todo lo sensible, lo extenso.


Las consecuencias de esta dualismo cartesiano se siguen sintiendo hoy. Ciertamente consagró un problema ontológico sobre la mente y el cerebro que se extiende hasta hoy, pero también liberó a la emergente ciencia moderna de la necesidad de referenciar sus avances a lo religioso-filosófico: las manipulaciones astronómicas de Galileo (1564-1642) se referirían así a res extensa, plenamente abordable por la razón. Las teorías aplicadas a la naturaleza dejaron de ser derivaciones necesarias de apriorismos ontológicos y metafísicos a los que había que conformar los hechos observables, para pasar a convertirse en fundamentos del método científico actual.


Opuesto al racionalismo en muchos aspectos, el empirismo que se desarrolló en Inglaterra desde fines del s. XVI a partir de Francis Bacon (1561-1626) y Thomas Hobbes (1588-1679) aportó el uso de la inducción, el recurso a la experiencia y una progresiva suspicacia sobre la capacidad de la razón para ofrecer conocimiento sobre la realidad de las cosas. De hecho, no existirían ideas innatas ni inconscientes: las ideas simples procedentes de la percepción darían lugar a las ideas -funciones mentales- complejas, a travéés de la reflexión y un proceso de asociación de ideas (John Locke, 1632-1704). Ya en pleno s. XVIII, David Hume (1711-1776), niega la posibilidad del conocimiento de las cosas, que sólo causarían impresiones en nuestra mente, e impone el escepticismo en metafísica -no hay causas, solo coexistencia o sucesión de impresiones o ideas.


Racionalismo y empirismo en desarrollo expandieron en la Ilustración el método científico y abrieron un abanico de interpretaciones sobre qué es el hombre, desde el materialismo mecanicista radical del médico LaMettrie (1709-1751) y el filósofo D'Holbach (1723-1789) -para quienes sólo diferencias de grado separarían el mecanismo animal del humano, y la mente sería un producto material del cerebro-, hasta diversas formas de vitalismo, más pasivo o reactivo en Albrecht von Haller (1708-1777), más productivo y espontáneo en otros como Wolff. En ese período se produjo una multiplicación de observaciones y estudios empíricos sobre el sistema nervioso: en el s. XVIII se descubren "centros" y "vías" funcionalmente específicas: el centro respiratorio en el bulbo (Legallois), el papel sensitivo o motor de raíces dorsales y ventrales (Charles Bell y François Magendie), el cruzamiento de las pirámides y su relación con trastornos motores cruzados tras lesiones cerebrales (Domenico Mistichelli, Prof. de Medicina en Pisa y Pourfour du Petit, médico y cirujano militar), etc.


El idealismo alemán iniciado por Kant (1724-1804) intenta conseguir una síntesis entre racionalismo y empirismo, pero se ocupa poco de la naturaleza y mucho de la filosofía, que entra en una profunda crisis tras la muerte de Hegel (1770-1831). En el seno de esa crisis nació el positivismo con Auguste Comte (1789-1877), curiosa mezcla de teoría del conocimiento y de la ciencia con una religiosidad materialista y una ética social. El positivismo consagra la voluntad de aceptar la realidad como hechos sensibles, sin esquemas apriorísticos superpuestos, renunciando a todo lo que no sean datos, hechos y leyes. Estos son la base del conocimiento, el cual, no obstante, es siempre relativo a la realidad histórico-social del individuo. La importancia del positivismo en la ciencia de nuestros días es innegable. Propició la fe en la "religión de los hechos' que diría Cajal, y la expansión del reduccionismo, que ha sido fundamental para el crecimiento del conocimiento científico.


En ese contexto mayoritariamente positivista, con un explosivo desarrollo de la física y la química, sobre el fisionomismo en boga desde el último tercio del s. XVIII, la demostración de la electricidad animal desde la publicación de Galvani en 1791 y con la reciente aparición de la frenología se produce con el cambio de siglo un extraordinario auge de los estudios sobre el cerebro y la mente. No sorprendentemente, buena parte de este auge se nutrió de encendidos enfrentamientos entre concepciones contrapuestas acerca de ambas entidades. Veamos de forma muy somera los hitos más destacados que jalonaron el siglo XIX [cf. algunas referencias adicionales de interés: (7-16)].


• Ácida pugna entre el localizacionismo frenológico de Franz Joseph Gall 1758-1828 y Johann Spurzheim (1776-1832) -difusor exitoso entre los médicos clínicos de la frenología- y la equipotencialidad cortical, principalmente liderada por MarieJean-Pierre Flourens (1794-1867), fisiólogo que utilizó ampliamente el método de lesiones experimentales en anfibios, aves y mamíferos. La poca fundamentación metodológica y neuropatológica de la frenología, y la aparentemente sólida fundamentación experimental -y en parte clinicopatológica, sobre casos de hidrocefalia- de la equipotencialidad cortical dejarían a ésta como doctrina dominante hasta la presentación del caso Mr. Leborgne ("Tan") por Broca en 1861.


• Proposición de la teoría celular Mathias Schleiden (1804-1881) y Theodor Schwann (1810-1882), publicada en 1839, un año después de que Jan Evangelista Purkinje (1787-1869) publicara 1os dibujos de sus células del cerebelo. Aunque rápidamente se aceptó la estequiología celular para todo el organismo, sin embargo durante el resto del s. XIX se mantuvo la polémica sobre la existencia de células individuadas en el SNC, al no poderse determinar si sus prolongaciones formaban o no una red continua.


• La psiquiatría basada en la teoría moral de la enfermedad mental dominó a principios del s. XIX con Philippe Pinel (1745-1826, primero en quitar las cadenas a los enfermos mentales en la Salpêtrière, e introductor del término demencia en 1797) y su seguidor Jean Etienne Dominique Esquirol (1782-1840). Contra esa posición se desarrollaría en la mitad del siglo una reacción fisicalista, la psiquiatría alienista que, descartada la capacidad explicativa o terapéutica de la frenología, buscaba anomalías en el cerebro que explicaran la patología. Theodor Meynert (1833-1893), psiquiatra y anatomista, llevó al extremo del determinismo neuropatológico sus interpretaciones patofisiológicas psiquiátricas en Psiquiatría: Enfermedades del Prosencéfalo (1874), lo que probablemente contribuyó sin quererlo al declinar de fines de siglo de la Neuropsiquiatría.


• La publicación de El origen de las especies en 1859 produjo un salto cualitativo en la ya extendida idea del transformismo o evolución de las formas vivas. Charles Darwin (1809-1882) añadió a la idea de que todas las especies proceden de la paulatina transformación de las anteriores una causa: la selección natural y la supervivencia en ella de los más aptos. Durante más de una década Darwin dejó a un lado la aplicación de su teoría al caso del hombre, quizá influido -además de por la presión cultural y religiosa dominante- por la negativa de Alfred Russell Wallace a aceptar que la selección natural pudiera actuar igualmente sobre el hombre, pues no se podrían explicar así las propiedades más complejas de la mente humana. Pero en sus obras ulteriores, El linaje del hombre (1871) y La expresión de las emociones en el hombre y los animales (1872) aceptó también este extremo.


• La asociación de afasia con lesión focal en el lóbulo frontal convirtió a Broca al localizacionismo, pero también fue un golpe de gracia contra la frenología: existía una localización de funciones corticales, pero no una correlación con los accidentes óseos. Este acontecimiento tuvo una gran repercusión, no sólo por el detallado estudio que presentó del paciente y su lesión cerebral, sino además por la respetada personalidad de Broca, médico y científico prestigioso. Sólo 9 años después (1870) se descubre la corteza motora y su mapa somatotópico en el perro mediante estimulación eléctrica cortical de baja intensidad por Gustav Fritsch 1838-1927, médico y anatomista, y Eduard Hitzig (1838-1907), psiquiatra, que invitó a su colega a realizar el experimento en su casa en Berlín. Entre 1863 y 1870 John Hughlings Jackson (1835-1911) describió sus observaciones sobre centenares de casos de epilepsias parciales y hemiplejias y, sobre todo, teorizó sobre la organización somatotópica de una representación motora -más que un locus motor anatómicamente concreto- en la corteza, que ejecutaría los actos motores voluntarios -los involuntarios y automáticos dependerían de estructuras subcorticales.


• La aparición de métodos nuevos y por primera vez realmente eficaces de fijación, corte y tinción de tejido cerebral, y especialmente el método de Golgi, produjeron avances revolucionarios en el conocimiento de la estructura histológica y celular del sistema nervioso, y la confirmación progresiva de la teoría neuronal, postulada por Wilhelm His (1831-1904) y Rudolph Albert von Kölliker (1817-1905), demostrada por vez primera con datos convincentes en 1887 por August Forel (1848-1931) y Fridtjof Nansen (1861-1930), confirmada inapelablemente por la ingente obra de Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) a partir de 1888, y difundida en Europa a partir de un influyente artículo de Wilhelm von Waldeyer (1836-1921), quien además acuñó la palabra neurona. Otras técnicas, especialmente las tinciones de Nissl y de mielina iniciaron los estudios de arquitectura cerebral, especialmente cortical, y en humanos, con los Vogt, Brodmann y Paul Fleschig. Este último (1847-1929), anatomista que evolucionó hacia la psiquiatría, propuso varios principios generales de organización anatomofuncional de la corteza cerebral, para los que buscó correlatos clínicos en pacientes neurológicos: las diferencias en curso e intensidad de mielinización revelan diferencias funcionales; las áreas filogenéticamente más nuevas maduran mas tarde, y éstas, que agrupó bajo el término de corteza asociativa, son el asiento de las funciones intelectuales, que emergerían paralelamente a la mielinización de sus tractos conectivos. Si algo tuvieron en común esos grandes neuroanatomistas de fines de siglo es la pasión por entender cómo es y cómo funciona el cerebro humano. La mayoría, si no todos, fueron además médicos, con ejercicio profesional en alguna parte de su vida. Estos estudios arquitectónicos corticales seguían en buena medida asociados, como lo fueron desde la frenología, al interés por demostrar diferencias cerebrales en distintas razas, en individuos extraordinarios, etc. A partir de la búsqueda de parámetros objetivos de medición del intelecto, y tras la decepción de los abordajes craniométricos, surgiría la primera prueba objetiva de medición intelectual por Alfred Binet (1857-1911) un abogado, que inició pero no terminó la carrera de medicina, lector de la psicología experimental, discípulo de Charcot, y finalmente director de un laboratorio de psicología fisiológica en la Sorbona desde 1894. Con el joven médico Theodore Simon establecieron un test para medir la "edad mental" de los sujetos; pocos años después Wilhelm Stern, psicólogo alemán, la correlacionaría con la edad cronológica para definir el cociente intelectual.


• Aparición y desarrollo de la Neurología en el s. XIX: Probablemente la electroterapia o galvanismo tuvo mucho que ver con la aparición de la Neurología: si los nervios eran excitables eléctricamente y el cerebro producía electricidad que enviaba a los músculos, las enfermedades nerviosas podrían deberse a trastornos en la distribución de la electricidad animal y por tanto serían corregibles con electroterapia. Hasta entonces los tratamientos de afecciones cerebroespinales eran genéricos, y se basaban en la clásica teoría humoral general de la enfermedad. Además, cambió el contexto en que se estudiaba y