Ramón y Cajal. El padre de las Neurociencias.

Actualizado: 31 de dic de 2018


Nacido en Petilla de Aragón, España en 1852, inmerso en un ambiente familiar dominado por el interés en la medicina, Santiago Ramón y Cajal comenzó su trabajo a partir de un interés en las artes visuales y la fotografía, incluso inventó un método para hacer fotos a color. Sin embargo, su padre lo forzó a ingresar a la escuela de medicina. Sin sus antecedentes artísticos, quizá su trabajo no habría tenido tanto impacto.


Luego de que su padre ganara por oposición una plaza de médico de la beneficencia provincial y nombrado, además, profesor interino de disección. Ramón y Cajal finalmente se licenció en esta disciplina en 1873. Tras sentar plaza en la sanidad militar (1874), fue destinado a Cuba como capitán médico de las tropas coloniales.

A su regreso a España, en 1875, fue nombrado ayudante interino de anatomía de la Escuela de Medicina de Zaragoza. Dos años más tarde, en 1877, se doctoró por la Universidad Complutense de Madrid; por esa época, Maestre de San Juan le inició en las técnicas de observación microscópica.


Poco después de concluir sus estudios, Santiago Ramón y Cajal fue nombrado director de Museos Anatómicos de la Universidad de Zaragoza (1879) y más tarde catedrático de anatomía de la de Valencia (1883), donde destacó en la lucha contra la epidemia de cólera que azotó la ciudad en 1885. Ocupó las cátedras de histología en la Universidad de Barcelona (1887) y de histología y anatomía patológica en la de Madrid (1892).


Santiago Ramón y Cajal

A partir de 1888 se dedicó al estudio de las conexiones de las células nerviosas, para lo cual desarrolló métodos de tinción propios, exclusivos para neuronas y nervios, que mejoraban los creados por Camilo Golgi. Gracias a ello logró demostrar que la neurona es el constituyente fundamental del tejido nervioso.


Ramón y Cajal quería saber algo que nadie comprendía realmente: ¿cómo viajaba un impulso neuronal a través del cerebro? Tenía que depender de sus observaciones y su razonamiento para contestar esta pregunta.


Siendo catedrático por Valencia, por Barcelona y Madrid, cansado de que en los periódicos y demás artículos médicos todos en alemán ya que Alemania en aquel entonces dominaba la ciencia, otros se atribuyeran descubrimientos que él había descubierto mucho antes o contaran cosas que él sabía que no eran reales.


En 1889 tuvo verificativo el Congreso más importante del mundo en esa especialidad "Histología y anatomía patológica" en Berlín. Este hombre con todos sus ahorros y con dinero prestado se trasladó a Alemania en un vagón de tren de tercera clase y al llegar allá se hospedó en un hostal de tercera.


En pleno congreso se presentó en la sala del evento con su microscopio y nadie, absolutamente nadie pasaba ni lo tomaban en cuenta, todo el mundo estaba en donde los grandes científicos, sobre todo con el gran profesor Rudolph Albert von Kölliker, el máximo experto.


Se dice que Ramón y Cajal se abrió paso en la multitud, se acercó a Kölliker y hablándole en un pobre francés ya que no hablaba alemán, le dijo: por favor sígame, necesito que vea algo". Kölliker no le hizo ni caso, pero ante la insistencia, Kölliker le siguió pensando que este hombre estaba loco, le llevó a su microscopio y le dijo. "mire por favor", Kölliker miró, alzó los ojos y dijo "quien es usted"?


A partir de entonces Santiago Ramón y Cajal fue reconocido en todas las universidades. En 1900 fue premio Moscú, en 1905 obtuvo la medalla Helmholtz, la más importante del mundo de oro macizo, en 1906 premio Nobel.

Es indudable que Santiago Ramón y Cajal es uno de los más grandes científicos de la historia. Sus trabajos sentaron las bases de la neurociencia y con sus múltiples aportaciones al estudio de las células nerviosas abrió un abanico de posibilidades a la disciplina. Dedicó muchísimos esfuerzos a la observación histológica, que perffcionó con las técnicas pioneras de tinción con cromato de plata que había iniciado el italiano Camilo Golgi (con quien compartió el premio Nobel en 1906) apliándolas a tejidos embionarios que permitían un mejor estudio. Más que sólo un científico, puede considerarse a Ramón y Cajal como el protagonista central de una revolución en la comprensión del cerebro al enunciar la teoría neuronal, que contravenía el conocimiento precedente, esclareciendo que entre neuronas no había “continuidad”, sino “contigüidad”. Por tanto, las neuronas eran células como las del resto del organismo pero especializadas estructural y funcionalmente en la propagación de impulsos. La polarización dinámica y el recorrido del impulso nervioso son también otras de sus grandes aportaciones, todas ellas formuladas en un estudio fundamental: El sistema nervioso del hombre y los vertebrados.

La teoría de Ramón y Cajal describía como fluía la información por el cerebro. Las neuronas eran unidades individuales que se comunicaban unas con otras de manera direccional a través del espacio entre ellas, al mandar información desde unos largos apéndices llamados axones hacia las dendritas ramificadas.


No podía ver los huecos entre neuronas en su microscopio, pero los llamó sinapsis, y dijo que si pensamos, aprendemos y creamos recuerdos en el cerebro, entonces ese espacio pequeñísimo era muy probablemente la ubicación del lugar donde lo hacemos. Esto desafió la creencia de ese entonces de que la información se dispersaba en todas direcciones sobre una red neuronal.


Entre sus contemporáneos recibió un gran reconocimiento cuando su obra comenzó a ser traducida a idiomas como el francés o el alemán, que por entonces eran los más utilizados por la comunidad científica. Por el impacto de sus trabajos y a pesar del tiempo transcurrido, continúa siendo uno de los científicos más citados del mundo.



En 1920 el Rey Alfonso XIII autorizó la fundación del Instituto Cajal de Investigaciones Biológicas, que quedaría instituido dos años más tarde y al que Cajal dedicaría sus esfuerzos hasta su muerte, tras abandonar la docencia universitaria. Prueba de la intensa actividad que todavía desplegó Ramón y Cajal en este período es la publicación, en 1933, del trabajo titulado «Neuronismo o reticulismo» en la revista científica Archivos de Neurobiología, aportación que se considera su testamento científico.


Entre sus discípulos españoles destacan J. Francisco Tello, D. Sánchez, F. De Castro y Rafael Lorente de No.


Su labor gozó de un amplio reconocimiento internacional, que no sólo se circunscribe a su época.

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