La alexitimia y su trascendencia clínica y social


SUMMARY


Alexithymia (AL) is characterized as an emotional communicative deficit, associated with operational thinking, impulsivity and heavy bodily sensations. AL is a frequent male profile (prevalence of 10%). Cerebroorganic, psychic or social factors take part in its etiology.

A differential diagnosis is essential with blocking of affect and atypical depression. The new concept of pseudoalexithymia is introduced here.


AL disturbs seriously the dyadic adjustment into the couple and increases the susceptibility to somatic or mental diseases. Some orientations for diagnosis and treatment are given.

In conclusion, this study supports the great importance of AL in society, family and clinic.

Key words: Alexithymia, pseudo alexithymia, atypical depression, somatic and mental pathology.


RESUMEN


La alexitimia (AL) se define como un déficit comunicativo emocional, asociado con el pensamiento operacional, alta impulsividad y copiosas sensaciones corporales. AL es un frecuente perfil masculino (prevalencia del 10%). En su etiología participan factores cerebroorgánicos, psíquicos o sociales.


Se plantea su diagnóstico diferencial con el bloqueo emocional y la depresión atípica. Se propone aquí el nuevo concepto de seudoalexitimia.


AL impide gravemente el ajuste diádico de la pareja e incrementa la susceptibilidad para la patología somática o mental. Se aportan orientaciones para su diagnóstico y tratamiento.

En conclusión, este estudio apoya la gran importancia de la AL en la sociedad, la familia y la clínica.


Palabras clave: Alexitimia, pseudoalexitimia, depresión atípica, patología somática y mental.


I. ANTECEDENTES PSICOSOMÁTICOS DE LA ALEXITIMIA

El neologismo <<alexitimia>> es un vocablo de origen griego que significa etimológicamente <<ausencia de palabras para expresar las emociones o los sentimientos>> (a– la partícula negativa no, lexis– palabra o acción de hablar, thymos– emoción). Este término fue introducido en la bibliografía médica en 1972 por Sifneos, un médico de Chicago de raigambre griega, a menudo citado como médico grecoamericano, para designar la dificultad que tenían muchos enfermos psicosomáticos para expresar verbalmente sus emociones o sus sentimientos.

La primera vez que se cita la palabra <<alexitimia>> fue en un manual editado por la Universidad de Harvard titulado Short–term psychotherapy and emotional crisis.


Casi desde el principio se observó que la presencia de la Alexitimia (AL) en los enfermos psicosomáticos no era constante y que tampoco era un dato específico, puesto que además de alcanzar en la población general una tasa de cierto relieve, su prevalencia era aún más alta en diversos tipos de enfermos físicos o psiquiátricos no encuadrados en la esfera de los enfermos psicosomáticos clásicos.


El descubrimiento de Sifneos fue obtenido mediante el estudio de los enfermos psicosomáticos con el método fenomenológico. Este ha sido su gran mérito. El antecedente histórico del descubrimiento se encuentra en los trabajos de Felix Deustsch, Franz Alexander y Flander Dumbar, los padres de la patología psicosomática americana, fundadores en 1939 de la revista Psychosomatic Medicine, cuando atribuyeron la determinación del trastorno psicosomático a los conflictos psíquicos no expresados verbalmente y por ello descargados a través de los canales somáticos. Sobre esta observación se montó la indicación de tratar a los enfermos psicosomáticos con psicoterapia. La experiencia cobrada con el tratamiento psicoterapéutico profundo de enfermos con colitis ulcerosa, ulcus péptico, asma bronquial y otros procesos psicosomáticos clásicos fue rotundamente negativa, mientras que las técnicas más elementales, a base de sugestión, catarsis o soporte emocional, se mostraron más útiles.

El fracaso de la psicoterapia verbal en los enfermos psicosomáticos fue atribuido por Rüsch, en un trabajo publicado en 1948 en la revista americana de medicina psicosomática,2 a que estos enfermos tenían una especial falta de habilidad para descargar sus tensiones emocionales por medio de la palabra, el símbolo o el gesto, porque eran especialmente propensos a utilizar los canales somáticos como única vía disponible para la descarga de sus emociones. Atribuyó esta falta de habilidad a una inmadurez emocional enmarcada en una personalidad infantil. Otros antecedentes importantes del concepto de AL se encuentran en la exposición del cerebro emocional (Paul MacLean)3 y en la descripción del pensamiento operativo (Marty y Uzan).


II. EL PERFIL DE LA PERSONALIDAD ALEXITÍMICA

El concepto AL fue tomando gradualmente, a partir del radical etimológico señalado, un sentido más global, en forma de un perfil de personalidad, que abarca datos afectivos, cognitivos, psicomotores y somáticos. He aquí la enumeración de los rasgos personales más importantes:

• Incapacidad de identificar, reconocer, nombrar o describir las emociones o los sentimientos propios, con especial dificultad para hallar palabras para describirlos.

• Pobreza en la expresión verbal, mímica o gestual de las emociones o los sentimientos. • Falta de captación de las emociones o los sentimientos ajenos (trastorno de la empatia). • Pensamiento muy concreto y pragmático, con dificultades para el pensamiento abstracto. • Pensamiento centrado en detalles externos, sin conexión con el mundo vivencial interno. • Reducción o anulación de la fantasía, los sueños o ensueños y la vida imaginativa. • Falta de capacidad para la introspección y la creatividad. • Psicomotilidad rígida, áspera, austera o desequilibrada y escasamente expresiva. • Tendencia a recurrir a la acción para afrontar los problemas o los conflictos. • Descripción prolija de los hechos. • Discurso verbal monótono, lento, pobre en temas, detallista y enormemente aburrido. • Dificultades para establecer contacto afectivo con los otros o mantener una dinámica comunicacional. • Relaciones interpersonales estereotipadas y rígidas, enmarcadas en la subordinación o en la dependencia. • Inclinación al aislamiento, sin tener sensación de soledad. • Impresión generalizada de una personalidad seria, adusta o aburrida. • Registro de que el aburrido o serio es el otro (un mecanismo de reduplicación proyectiva) lo que les lleva a ver a los demás con sus propias características. • Maestros en esgrimir la defensa proyectiva. • Descarga de las emociones o los sentimientos a través de los canales vegetativos corporales, lo que provocaría la disfunción o la lesión tisular de los órganos somáticos más vulnerables. • Dificultades para distinguir las emociones de las sensaciones corporales. • Existencia regida por proyectos de corto alcance y programada o mecanizada como si fuese un robot. • Alto grado de conformidad social, rasgo catalogado por su sentido como una <<seudonormalidad>>. • Reducción de porcentaje del sueño REM.


El núcleo semiológico del perfil de la personalidad alexitímica reside en la afectividad, en forma de una incapacidad para identificar, reconocer, describir o nombrar los sentimientos o las emociones propias y de una dificultad para captar los estados emocionales ajenos, o sea, en conjunto una conciencia emocional precaria. Por ello, los alexitímicos han sido también denominados <<afásicos de sentimientos>>, <<afásicos afectivos>> o <<analfabetos emocionales>>. Al tiempo, tienen un pensamiento concreto, detallista, apegado a lo inmediato, desprovisto de fantasías, de abstracciones y de dudas, y conducente con rapidez a la acción, por lo que se le define como un pensamiento operativo o instrumental, enmarcado en un estilo cognitivo pragmático y directo. En su expresividad sobresale la penuria en la mímica, la gesticulación y la palabra, y la utilización de un lenguaje lento, aprosódico (sin cambios en el tono de la voz), detallista y reiterativo, todo lo cual se traduce en una pobreza comunicacional. Su corporalidad es el escenario que acoge una amplia repercusión de las emociones en forma de somatizaciones, de suerte que el lenguaje vegetativo sustituye al lenguaje verbal y amenaza a los órganos más vulnerables con la producción de una disfunción o una lesión, como consecuencia de una corporalidad somatizada.

Hoy, el concepto global de AL posee una especial trascendencia social y clínica.

III. LA TRASCENDENCIA SOCIAL DE LA ALEXITIMIA

La AL opera como una variable perturbadora de la interacción social. La trascendencia social de la AL consiste en actuar como fuente de problemas en las relaciones interpersonales por razón del trastorno comunicacional y la penuria emocional o la falta de empatía, a lo que se agrega con frecuencia la descarga de emociones negativas o una acción impulsiva. Todo lo cual denuncia al sujeto alexitímico como responsable del sufrimiento de los demás y poco dotado para el éxito en la vida social.


Dado que la prevalencia de la AL en la población masculina es del 8 al 10% y se asocia con su parvedad en el género femenino, queda justificado hablar de un trastorno propiamente masculino que, al incapacitar para la comunicación afectiva con los demás, comporta rasgos perturbadores para la convivencia y se traduce en un sufrimiento tremendo para las mujeres que comparten su vida con un compañero alexitímico.


De todos modos conviene tener presente la observación de Haywell–Fantini y Pedinielli (2008)5 acerca de la presencia de profundas diferencias en la AL entre el género masculino y el femenino, diversidad que podría alcanzar su máxima expresión, en mi opinión, en el plano social.


La relativa preservación de la población femenina ante la AL se debe a la concurrencia de estos tres factores: un cerebro con la integración interhemisférica más completa o unitaria que la del cerebro masculino, por disponer de un cuerpo calloso (la comisura de unión entre ambos hemisferios) de mayor volumen; una personalidad de mayor riqueza afectivoemocional, con una disponibilidad comunicacional para sus emociones sumamente elevada, a veces tan elevada que la mujer maneja la comunicación como un instrumento engañoso y manipulador, como si fuera un resorte de chantaje al servicio del alma femenina; y finalmente, una instalación social más cimentada en el apoyo de otras personas y en las referencias externas, con un estereotipo sociolaboral basado en la expresividad desempeñada, mediante una puesta en relación con los demás, mientras que el correspondiente estereotipo masculino se define por la instrumentalidad, un ejercicio de vida dominado por la acción, la autoafirmación o la búsqueda de poder.


El desequilibrio genérico de la incidencia de la AL, fustigando casi exclusivamente a la población masculina, está en pugna con lo que sucede en muchas especies animales, en las que el macho ofrece el comportamiento más juguetón o sociable o es el sexo del ave dotada del circuito neuronal del canto.


La abrumadora desproporción de la tasa de prevalencia de AL registrada en ambos géneros justifica que revise a continuación con una referencia masculina exclusiva las figuras sociales de Al encarnadas en la pareja, el trabajador, el jefe y el médico.


En la relación de pareja el hombre alexitímico, con un comportamiento habitual serio, reservado e independiente, se convierte en un agente frustrante para su compañera. Aunque su pareja en principio le alaba como un santo en casa, a poco que se profundice pasa a calificarlo como un <<santo endiablado>> que no ofrece comunicación afectiva ni la más ligera muestra de cariño o apoyo, ni es capaz de abandonar la actitud autoritaria, elementos a los que se agrega, como señala Moral (2005) desde México, la expresión habitual del mal humor o de un estado emocional negativo. En estas condiciones, un ajuste diádico amoroso ni siquiera satisfactorio con el varón alexitímico se vuelve imposible. A todo lo más que llega la mujer en este trance, embargada por la soledad emocional, es a un ajuste convencional o aparente, desprovisto de cohesión afectiva, mantenido con el propósito implícito de evitar la ruptura de la familia, hasta que a una edad por lo general entre los 40 y los 50 años, cada vez más baja, cuando los hijos han crecido y comienzan a abandonar el hogar, sorprende con una solicitud de separación o divorcio.


Ella misma puede sentirse sorprendida por el coraje que supone adoptar la desesperada actitud de la separación, al ser incapaz de quedarse a solas en el hogar con un hombre huraño, silencioso y despótico y explica la tolerancia hacia la pareja mantenida hasta ese momento en función del alimento emocional aportado por los hijos. Sólo excepcionalmente el varón alexitímico es protagonista de un enlace amoroso definido en la línea de la satisfacción recíproca.


El trabajador alexitímico inspira recelo a sus compañeros como el más antipático y distante del grupo y el más amenazado por razones obvias por la pérdida del empleo. La elevada prevalencia de AL en el estrato socioeconómico medio–bajo o bajo de la población se entiende por la existencia de un vínculo causal de doble sentido: la insuficiencia financiera impone una limitación instructiva o cultural, lo que implica una especial vulnerabilidad para la AL y, a su vez, la AL es origen muchas veces de fracaso laboral con el consiguiente descenso económico.

El jefe alexitímico es una figura laboral poco estimada por lo general por sus subordinados, al ejercer su función con despotismo y desafecto y al tiempo mostrarse poco competente al ser incapaz de asumir y desarrollar proyectos de largo alcance.


IV. EL ENFERMO ALEXITÍMICO

Innúmeros trabajos científicos vienen poniendo en evidencia una tasa de prevalencia puntual masculina de AL particularmente elevada en ciertas patologías. Al tratarse de patologías físicas y mentales diversas, se ha venido confiriendo a la AL el carácter de un dato patogénico transnosográfico. Desde un principio debo reconocer que en la mayor parte de estos trabajos sobre la correlación estadística positiva de la AL y la enfermedad, se ha prescindido de discriminar si la supuesta AL era una concausa de la enfermedad o una consecuencia suscitada como respuesta protectora contra el sufrimiento en forma de un bloqueo afectivo o un descenso depresivo de la conciencia emocional. Es preciso estar muy advertido para no confundir la causa con la consecuencia en toda clase de patología asociada a la AL. La confusión es un deslizamiento fácil puesto que la AL, y en general toda clase de alteración deficitaria de la conciencia emocional, ofrece especiales dificultades a la recolección de la anamnesis y a la exploración de la personalidad, lo que implica una seria dificultad incluso para el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento del proceso mórbido fundamental.


La AL interviene como una variable de riesgo, predisponente, determinante o precipitante, para el enfermar psíquico o físico, utilizando una de estas cuatro vías: la somatización o expresión de las emociones o los sentimientos en forma de signos somáticos; el predominio de la experiencia emocional elemental negativa, tipo hostilidad; la mala calidad de vida, y la degradación de las experiencias interaccionadas con los otros.


El alexitímico es el sujeto somatizador por excelencia. No sólo vierte con preferencia o de modo exclusivo sus emociones y sentimientos por un canal somático, sin ser capaz de diferenciar la emoción en sí de sus signos somatizados, ni de discriminar el sufrimiento emocional del dolor físico, dado que por su condición hiperestésica, experimenta todos los fenómenos corporales de un modo especialmente mortificante.


Se acumula en la bibliografía internacional la densa serie de trabajos publicados coincidentes en señalar la prevalencia de la AL entre el 20 y el 40% en un amplio sector de patología física, especialmente representado por los enfermos digestivos inflamatorios o con la enfermedad de Crohn, los enfermos bronquiales inflamatorios o con insuficiencia respiratoria y los aquejados por dolor crónico, además de una dilatada representación de los enfermos pisocosomáticos clásicos (asma bronquial, colitis ulcerosa, migraña y otros). La presencia de la AL se acredita la más de las veces por la precariedad de la comunicación afectiv