Cáncer cerebral primario


El término, cáncer cerebral primario, se refiere a tumores malignos que se forman en el cerebro o en los nervios originados en el mismo. El cáncer de cerebro no se propaga frecuentemente (metastatitiza) hacia el exterior del Sistema Nervioso Central (CNS por sus siglas en inglés). El CNS es la parte del sistema nervioso que incluye el cerebro y la médula espinal. El cáncer cerebral primario representa el 2 o 3% de todos los nuevos casos de cáncer en adultos y es la segunda forma más común de cáncer en niños (después de la leucemia). Además, es la causa líder de muertes por cáncer en niños, y es la tercera causa más común de muertes por cáncer en adultos entre 15 y 34 años de edad.


Cáncer cerebral secundario, se refiere a tumores malignos originados en otra parte del cuerpo que se propagado (metastatizado) hacia el cerebro. Como ejemplo de ello, se encuentran los cánceres de pecho y de pulmón, pero no necesariamente se limita a ellos. El cáncer cerebral secundario es más común que el primario.


Se ha encontrado que las tasas de cáncer cerebral primario son más altas en países más desarrollados. La Sociedad America de Cáncer estimó que en el 2016, alrededor de 23,770 individuos serían diagnosticados con cáncer espinal o cerebral en los E.E.U.U., y alrededor de 16,050 de ellos morirán por tumores cerebrales o de médula espinal.

Para muchos tipos de cáncer de cerebro aún no se han identificado factores de riesgo específicos. Sin embargo, algunos factores de riesgo (y factores de riesgo potenciales) han sido descritos. Estos incluyen:

Edad: el riesgo de la mayoría de cánceres incrementa con la edad. Sin embargo, el neuroblastoma es una excepción pues ocurre con mayor frecuencia en niños pequeños.

Herencia: algunos desórdenes genéticos han sido identificados como posibles factores de riesgo para el cáncer de cerebro. Incluyendo:


a. Neurofibromastosis tipo 1: una condición caracterizada por cambios en el color de la piel y crecimiento de pequeños tumores en la piel, cerebro y otras partes del cuerpo. Las personas con esta condición tienen mayor riesgo de desarrollar meningiomas, neufibromas, y otros tipos de gliomas. Los adultos con esta condición desarrollan tumores cancerígenos que crecen a través de los nervios.


b. Neurofibromatosis tipo 2: esta condición es menos común que la neurofibromatosis tipo 1. Mutaciones en el gen NF2 están ligadas con esta enfermedad. En aproximadamente 50% de los casos de neurofibromatosis tipo 2, la mutación del gen NF2 es heredada de los padres. Esta enfermedad puede estar asociada con neuromas acústicos, meingiomas, y ependimomas de la médula espinal. Las señales y síntomas de esta condición normalmente aparecen durante la adolescencia o cuando los individuos alcanzan los veinte años (18 a 24 años de edad). Entre los síntomas se incluyen: disfunción del equilibro y pérdida de la audición.


c. Esclerosis tuberosa: este es un desorden genético hereditario que causa el crecimiento de tumores en la piel, cerebro/sistema nervioso, riñones, y corazón. Los tumores de esta enfermedad tienden a benignos, pero pueden volverse cancerígenos. La mayoría de los casos de esclerosis tuberosa se deben a mutaciones aleatorias en los genes TSC1 y TSC2. No hay factores de riesgo conocidos aparte de tener un padre con esta enfermedad. Sin embargo, en la mayoría de los casos, no hay un historial familiar de esclerosis tuberosa.


d. Síndrome de Von Hippel-Lindau (VHL): esta condición es asociada con el desarrollo de tumores malignos y benignos en diferentes partes del cuerpo. El gen VHL es un gen supresor de tumores responsable de este síndrome. Mutaciones en el gen VHL producen proteínas VHL anormales que no pueden regular apropiadamente la supervivencia de las células y la proliferación celular.


e. Síndrome de Li-Fraumeni: esta rara condición está asociada con un mayor riesgo de desarrollar gliomas y otros tipos de cáncer. Estudios muestran que el gen CHEK2 y el gen TP53 están asociados con el síndrome de Li-Fraumeni. Alrededor de la mitad de las familias con síndrome de Li-Fraumeni han heredado mutaciones en el gen TP53.


3. Infecciones: Virus, como el retrovirus, papovirus, y adenovirus, han demostrado que causan tumores cerebrales en animales, pero algunos estudios muestran relación entre infecciones virales y cáncer cerebral en humanos. Sin embargo, los virus aún no han sido descartados como posibles factores de riesgo y aún existen investigaciones en curso en esta área.


4. Lesiones en la cabeza y traumas: actualmente se está estudiando la posible relación entre lesiones en la cabeza y los meningiomas. Estudios han encontrado que muchos niños diagnosticados con tumores cerebrales tuvieron lesiones en la cabeza/trauma en la cabeza durante el nacimiento.


5. Vitaminas: estudios sugieren una posible relación entre el consumo de compuestos N-nitroso durante el embarazo y un incremento en el riesgo de los descendientes de desarrollar tumores cerebrales.


Síntomas Y Detección

Los síntomas del tumor cerebral dependen del tamaño del mismo, su ubicación, el tipo/y que tanto ha invadido el tumor otras áreas del cuerpo. El síntoma más común es el dolor de cabeza, mismo que se presenta en 35% de los pacientes y que además puede aparecer acompañado de nausea, vómito, y problemas con las funciones nerviosas (déficit neurológico focal). Los dolores de cabeza pueden ser una señal de alerta, especialmente en pacientes que normalmente no sufren de ellas. Otros problemas localizados (focales) varían dependiendo de la ubicación del tumor. También es importante informar al médico si la frecuencia o severidad de las jaquecas ha ido incrementando con el tiempo.


Existen diferentes pruebas médicas que pueden ser utilizadas para detectar o descartar un tumor cerebral.


Examen neurológico: se refiere a un grupo de pruebas preliminares aplicadas a un paciente con el fin de obtener información de su estado mental, sistema sensorial, sistema nervioso, y funciones motoras. Basado en los resultados del éste, el médico decidirá si se requieren pruebas adicionales.


Angiografía cerebral: es una prueba que permite visualizar el flujo de sangre a través de los vasos sanguíneos en el cerebro del paciente. Con ello se busca identificar posibles coágulos de sangre y problemas de los vasos sanguíneos en el cerebro, como aneurismas, bloqueos arteriales, y vasculitis. Este procedimiento también puede ser utilizado para confirmar la presencia de un tumor cerebral.



Como funciona

Generalmente, el angiograma cerebral se realiza en hospitales o en un centro radiológico. Para la realización del mismo, se le puede solicitar al paciente no consumir alimentos sólidos o líquidos por un cierto período de tiempo previo al examen. Durante el examen, el paciente deberá reposar en una mesa de rayos X con la cabeza inmovilizada por una correa, cinta, etc. Lo anterior, para prevenir posibles movimientos que pudieran interrumpir el examen. En ocasiones se puede hacer uso de un electrocardiograma (ECG) para monitorear la actividad cardíaca del paciente durante el proceso. Justo antes de iniciar el procedimiento, se administra una inyección de anestesia local (anestético) en una región del cuerpo (generalmente la ingle) por donde posteriormente se insertará un tubo delgado (catéter). El catéter entrará en una arteria y será maniobrado cuidadosamente hacia arriba, a través del área abdominal, hacia una arteria en el cuello del paciente. Una vez que el catéter llegue a la posición adecuada, un colorante especial es inyectado a través de el y su movimiento es rastreado a través de las arterias y los vasos sanguíneos del cerebro mediante un escáner de rayos X. Éste escáner de rayos X permite al médico identificar la ubicación de cualquier bloqueo arterial o vascular y localizar cualquier anormalidad vascular o defecto arterial estructural posible en el cerebro del paciente.

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